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Existen muchas frases y dichos de lo más arraigado en nuestro refranero popular cuando hablamos de molestias y dolores en espalda, hombros, rodillas y articulaciones en general, y suelen hacer referencia siempre al tema de la edad, apuntando este factor como principal causante.

Debemos desterrar la falsa creencia de que nuestras molestias “son cosa de la edad”, la verdad es que el ser humano no deja de moverse porque envejece, envejece porque deja de moverse.

La involución

La soledad, el sedentarismo y la desnutrición (falta de nutrientes, no de alimentos) son los principales factores de riesgo en occidente, especialmente entre los más ancianos. Centrándonos exclusivamente en la parte del sedentarismo, la ausencia de ejercicio físico genera muchos más problemas de los que nos imaginamos.

Sin apenas darnos cuenta, o muchas veces siendo conscientes pero ignorando los hechos, entramos en un bucle del que no sabemos salir.

No me muevo, músculos que dejan de trabajar (se inhiben), en consecuencia, otros deben trabajar más (los más superficiales) para lo que no están preparados, por tanto, acaban doliendo, me muevo menos porque me duele, más musculatura deja de trabajar…

La cuestión es que si no pones freno o das marcha atrás a esta involución entraras en ese círculo vicioso que nos lleva sin remedio a perder la salud y el bienestar.

¿Te has parado a pensar porqué cuanto menos haces más cansado estás?, ¿por qué la gente activa tiene tanta energía?, siendo muy escuetos, a menos movimiento menos energía consumo, así que los encargados de quemar esa energía (los músculos) se hacen menos eficientes, los depósitos que guardan esa energía también disminuyen en tamaño y número y al final te cansas más y más rápidamente.

Movernos está en nuestros genes

No hay elección, nuestra genética está diseñada para el movimiento y para la actividad. El sedentarismo y el estilo de vida actual nos muestran los efectos de ir contra nuestra naturaleza, más enfermedades, más obesidad…

La medicina actual nos permite vivir más tiempo, ¿pero con mejor calidad de vida? Debemos trabajar para nuestra salud, mantener la función de cada articulación lo mejor y durante el máximo tiempo posible.

Que tus articulaciones mantengan su función te proporciona un cuerpo útil. Y eso se necesita hasta el fin de los años para tener una buena calidad de vida, y todo el cuerpo se beneficia de esto. La parte del cerebro dedicada al movimiento es más grande que la dedicada al conocimiento. Realizar movimientos cada vez más coordinados, más complejos, significa que estas creando más conexiones neuronales.

Ya ves que los beneficios no se quedan solo en las articulaciones. Tengas 15, 40 o 70 años.

El Pilates no tiene edad

Joseph Pilates decía que “eres tan joven o tan viejo como te sientes. Si tu espalda es rígida con 30 años, entonces eres viejo. Si consigues que sea móvil y flexible a los 60, entonces te seguirás manteniendo joven”.

Los principios y filosofía del Pilates nos reconectan con nuestra necesidad de movimiento, teniendo en cuenta que es muy importante trabajar todas las capacidades, fuerza, coordinación, flexibilidad y siempre de manera progresiva y adaptada a cada individuo.

Pero la responsabilidad con tu salud no acaba cuando sales del estudio, ten en cuenta que los hábitos incorrectos en el día a día son los responsables de la mayoría de las dolencias, y de nuevo, Joseph Pilates ya advertía…

“Sería un grave error pensar que sólo hacer ejercicio es suficiente para lograr el completo bienestar físico. La persona que cuide su alimentación y hábitos de sueño y que se ejercite correctamente estará tomando la mejor medicina preventiva “.

Toda tu vida has de vivirla en el mismo cuerpo, así que cuídalo.

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